martes, 25 de enero de 2011

GENERALES Y ESPIAS TAMBIEN TIENEN SU CORAZÓN

 GENERALES Y ESPIAS TAMBIEN TIENEN SU CORAZÓN 
Durante un  año y medio la ciudad de los reyes los vio juntos, a veces de la mano en algunas fiestas pero muchas otras a escondidas, cuidando siempre las apariencias. Con su personalidad liberal, apasionada , seductora, pero a la ves tierna, Rosa Campusano  Cornejo Atrajo la atención del general José de San Martín.
   Como cuenta la escritora argentina Silvia Puente en su libero “LA MUJER DE SAN MARTIN EN LIMA”, Ella tenia 25 anos y el tenia 43 cuando se vieron por Primera vez. En 1821, aunque para entonces la muchacha ya se había hecho conocida por las cartas que le enviaba al libertador y que no eran precisamente de amor.
    Campusano se había convertido en unas de las espías patriotas  mas audaces, al igual que Manuelita Saenz, amante de Simón Bolívar .Tapadas de pies a cabeza, con un solo ojo descubierto, Recorrían, plazas y mercados de la ciudad repartiendo propaganda independista  que escondían  en su cuerpo.
    Su casa de la calle San Marcelo, barrio de “la Perricholi” y de Saenz,  Ubicada en lo que hoy es el cine tacna en el centro de Lima, era el punto  operacional.
       Rebelde y liberal, recibía la visita de realistas como el virrey Pazuela y el Mariscal  José de la Mar, de quien cuenta la escritora argentina - se enamoro e intento pasarlo al bando patriota. Años después  La Mar llegaría  a ser presidentes de nuestra naciente república.
        Ellos nunca se imaginaron que aquella mujer con la que compartían tantas horas de charlas e intimidad  los iba a traicionar.
         En 1827, a sus 21 años, Campusano dejo su tierra natal, Guayaquil cuando aun pertenecía al virreynato  del Perú para venir a Lima del brazo de un Español acaudalado que le Doblaba la edad y la llenaba de lujos, y del que se separo al poco tiempo.
        Según los miembros del instituto Sanmartiniano del Perú, es en nuestro país donde se unió a la causa independentista, que le quito su tiempo su dinero y la llevo hasta la cárcel. Sin nada busco refugió en Huaura y le pidió ayuda al protector del Perú. Desde entonces,  Campusano no se despego del esposo de la porteña  Remedios de Escalada.
         Las noches del 28 y 29 de julio de 1821 fueron días de fiesta para el Perú y de locura para ellos. La hacienda de Mirones y el palacio virreynal fueron testigos de su pasión. Meses después el general se la llevaría a la casa campestre de  La Magdalena, donde hoy queda el museo de Pueblo Libre. Aquel lugar era el único espacio donde el discreto José De San Martín podía corresponder a las provocaciones de su joven pareja sin miedo a ser descubierto.   

        Sin embargo, la belleza de Campusano no bastó para retenerlo por mucho tiempo. Miguel Ingunza, presidente de los Sanmartinianos en el Perú, cuenta que el general tuvo que partir a Guayaquil en busca  del apoyo de Bolívar, pues la situación en el país estaba muy difícil.
       Sería la última ves que Ella lo vería. A su regreso, San Martín ya no era el mismo, y decepcionado por el ansia de poder del Venezolano
El 20 se setiembre de 1822 retornó a Buenos Aires.
        Con su partida el brillo de “la protectora”, como la llamó Ricardo Palma en sus “Tradiciones Peruanas”, se opaco Al poco tiempo, ya fuera de la vida política, remplazo al libertador por el joven comerciantes suizo Juan Adolfo de Gravert, quien se convirtió en su único esposo, pero otra ves el amor le fue esquivo.
         Una década después Conoció al Zapatero alemán Juan Weninger, y de dicha Unión nació Alejandro weninger Campusano, su único hijo y companero de escuela de palma, como así lo a firma el tradicionista en sus escritos.
          El  genealogista peruano  Jaime Velardo Prieto cuenta que el joven se dedico a la vida militar, pero sin mucho éxito, Rosa Campusano paso sus últimos días en los altos de la biblioteca Nacional, la que fundara, justamente, el general San Martín en 1821. Con 55 años  encima y una hernia diafragmatica que le impedía respirar, murió en los brazos de su único hombre que la Acompano hasta el final: su hijo,  quien también tuvo un solitario final, ya que murió a los 35 años sin dejar descendencia.